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A pesar de la existencia desde 1845 del Teatro Cairasco, ubicado en el solar del actual Gabinete Literario, la ciudad de Las Palmas de Gran Canaria tenía a mediados del siglo XIX la necesidad inminente de la construcción de un Nuevo Teatro. Defectos constructivos en el Teatro existente así como el aumento de la población y de la afición fueron, junto al deseo de la clase dirigente, los motivos principales para tal planteamiento. La ciudad de Las Palmas solicitaba un edificio teatral de mayores aspiraciones y acorde a las exigencias de la sociedad de la época.

Con este fin se constituyó en 1866 una sociedad particular de accionistas que se planteó como problemas fundamentales la cuestión económica, el lugar de la construcción del edificio y la elección del arquitecto encargado del proyecto. La primera se solventó con la aportación de personas y entidades de gran poder económico, así como con la colaboración desinteresada del resto de la sociedad, tanto de gente pudiente como de ciudadanos humildes.

El planteamiento de la elección del solar donde ubicar el Nuevo Teatro fue más problemático, dado que ninguno reunía los requisitos necesarios. Finalmente se propuso el solar de Boca-Barranco o de la Pescadería, que presentaba las tres condiciones principales: era céntrico, con unas dimensiones y forma adecuadas, y ubicado en una zona de fácil acceso y visibilidad. Sin embargo, su proximidad al mar, a la boca del barranco y a la pescadería, causó el desacuerdo entre los ciudadanos. Hecho que provocó incluso jocosas críticas, que quedarían plasmadas en los dibujos y versos de Benito Pérez Galdós ("¿Quién fue el patriota estúpido / quién fue el patriota vándalo / que imaginó las bóvedas / de este Teatro Acuático...").

Como maestro de obras para el proyecto se eligió, tras varias gestiones y sin faltar tampoco un cierto recelo local, a un arquitecto residente en Madrid y de origen albaceteño, Francisco Jareño y Alarcón (1818-1892), cuyo proyecto se aprobaría el 22 de mayo de 1868.

En 1888, y ante el inminente paso por Gran Canaria del famoso tenor italiano Roberto Stagno, de gira con su compañía hacia América, se aceleran los trabajos para poder albergar algún recital y poder recaudar fondos. Pero un desgraciado accidente ocurrido en el Puerto de La Luz, entre dos buques de nacionalidad francesa e italiana con cincuenta y cinco muertos, precipita la decisión del Tenor y posteriormente de la junta directiva de donar la totalidad de la recaudación para los damnificados en la tragedia. Y es dos años más tarde, en 1890 cuando se inaugura el Teatro Tirso de Molina con La Traviata, a costa de la ruina de los promotores, lo que desemboca en la titularidad municipal del teatro a partir de 1913.

Once años más tarde, con motivo del gran éxito del estreno de Electra de Benito Pérez Galdós en 1901, se propuso en un solemne acto de homenaje el nombre del escritor para denominar al Nuevo Teatro.


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